El antrop贸logo Joaqu铆n Bascop茅 desclasifica una carta del siglo antepasado en que el gobernador de la colonia de Magallanes, Diego Dubl茅 Almeyda, tiene la osad铆a de negarse a acatar el recorte de un subsidio a los v铆veres. La decisi贸n del gobierno central termin贸 entonces en sublevaci贸n y desastre. Su reclamo suena extra帽amente actual y puede establecerse un claro paralelo con la crisis del gas en Punta Arenas.
El problema de la soberan铆a chilena en Magallanes tiene una relaci贸n hist贸rica con los subsidios estatales. El conflicto del gas no es sino una actualizaci贸n con matices.
Desde su fundaci贸n en 1848, la vida en Punta Arenas fue la de una colonia de presos y relegados que depend铆a del comercio de pieles y plumas con los n贸madas tehuelches. Reci茅n en 1877 desembarcaron, provenientes de las Malvinas, las primeras ovejas que propiciar铆an un espectacular desarrollo econ贸mico que durar铆a hasta el final de la Primera Guerra. Pero siendo en un comienzo extranjeros los animales, las m谩quinas, los obreros y sobre todo el capital, el modo de garantizar la presencia nacional continu贸 siendo una preocupaci贸n de gobierno durante esta belle 茅poque. Tanto m谩s cuando la disputa lim铆trofe con Argentina parec铆a no resolverse con tratados. La fecha de 1877 es, de esta forma, una clave en la historia regional, con una serie de episodios que se proyectan en el conflicto actual del gas.
Retengamos un documento: En octubre de 1877, el gobernador de la colonia de Magallanes, Diego Dubl茅 Almeyda, os贸 informar al ministro de Relaciones Exteriores, Jos茅 Alfonso, que suspender铆a la aplicaci贸n de un decreto por el cual el gobierno recortaba el subsidio de v铆veres de la guarnici贸n militar de la colonia (ver documento original). Dubl茅 expuso “las poderosas razones” que lo obligaban a tomar esa medida describiendo, tal como alegan hoy los vecinos, la precaria situaci贸n de quienes aseguraban la soberan铆a chilena en la regi贸n. Los subsidios (“raciones”) eran el aliciente para que el soldado se desplazara con su familia, tomase “apego al lugar” y, tras cumplir con su destinaci贸n, se quedara en la Colonia, “estableci茅ndose as铆 el aumento de la poblaci贸n sin ning煤n sacrificio extraordinario para el fisco.”
Como si se refiriese al conflicto del gas, se preguntaba: “¿C贸mo es posible que en Magallanes, donde los art铆culos de primera necesidad tienen tan subido el precio en el comercio, pueda el soldado sostenerse?” Dubl茅 se帽al贸 que de aplicarse la medida, el soldado quedar铆a “en peor condici贸n que el relegado”. Como el alcalde Mimica en estos d铆as, el gobernador propuso un plazo de seis meses para adaptar el decreto, adaptaci贸n que implicar铆a traer soldados sin familias “lo que”, observ贸, “no convendr铆a a la Colonia”.
As铆 como el presidente Pi帽era incumple una promesa verbal, el subsidio a los soldados no estaba escrito en ning煤n contrato, lo que fue aprovechado por el gobierno para suspenderlo. Sin embargo, le responder铆a Dubl茅, “¿qui茅n ignora que una de las gracias ofrecidas a los que vienen a establecerse a Magallanes en calidad de empleados es la de que gozar谩n, tanto 茅stos como sus familias, de raciones de v铆veres? Si esta promesa no se les ha hecho por escrito, ha sido verbal, y la pr谩ctica observada en tantos a帽os es conocida por todos.” Lo que el presidente desconoce estos d铆as es una pr谩ctica conocida por todos los magall谩nicos, a saber, la rudeza de la vida en la regi贸n que hace de la soberan铆a no una voluntad militar, como entonces, sino una costumbre civil.
La defensa de la guarnici贸n que hizo Dubl茅 descubre toda su actualidad con el bloqueo y las barricadas de estos d铆as. De hecho, un mes despu茅s de su informe, el 12 de noviembre de 1877, estall贸 el llamado “Mot铆n de los Artilleros”, encabezado por los militares perjudicados, que cost贸 la vida al capit谩n de la guarnici贸n, destruy贸 una parte de la ciudad, hizo huir a la poblaci贸n a los cerros vecinos y del que el propio gobernador escap贸 milagrosamente. Este evento puso en alerta al gobierno y forz贸, ese mismo a帽o, la transformaci贸n administrativa de Magallanes pasando de “Colonia Penal” a “Territorio de Colonizaci贸n” (o bien, de c谩rcel a ciudad).
Magallanes sigue siendo un “Territorio de Colonizaci贸n” si atendemos al reclamo de la Asamblea Ciudadana respecto al patriotismo de vivir en la regi贸n. Ante la indiferencia que, hoy como ayer, muestra el gobierno central, “Territorio de Colonizaci贸n” parece m谩s un concepto m谩s coherente que el estatuto de “Provincia”, adquirido reci茅n en 1929, y que determin贸, entre otras cosas, el traslado desde Relaciones Exteriores al Ministerio del Interior, es decir, a ser un asunto propiamente chileno.
Magallanes comenz贸 a dejar de ser una apuesta estatal. ¿Acaso el enfriamiento del conflicto con Argentina permite hoy d铆a ahorrar subsidios que antiguamente no se escatimaban? Esta hip贸tesis parece veros铆mil si se considera que, incluso durante su belle 茅poque econ贸mica (1893-1920), Magallanes fue asunto de Relaciones Exteriores –como en alg煤n momento ocurri贸 con la Araucan铆a–, es decir, tuvo un r茅gimen especial, objeto de dilapidaci贸n estatal por un inter茅s geopol铆tico. ¿Existe a煤n este inter茅s? Las correspondencias entre el documento que desclasificamos a continuaci贸n y la crisis del gas puede ser un indicio. Desclasificaci贸n que es, al mismo tiempo, una invitaci贸n a las actuales autoridades a hacerse cargo de la utop铆a nacional que, forzando el clima y la geograf铆a, Chile intent贸 –con subsidios– construir sobre el Estrecho de Magallanes.
- Publicado por CIPER (Centro de Investigaci贸n e Informaci贸n Period铆stica)Joaqu铆n Bascop茅
- Julio es antrop贸logo y actualmente realiza su tesis doctoral en Sociolog铆a en la 脡cole des Hautes 脡tudes en Sciences Sociales sobre la colonizaci贸n de Tierra del Fuego.
















