25/7/08

AUMENTA ACTIVIDAD VOLCÁN CHAITÉN


A las 02:00 horas de este jueves 24 de julio se inicio una nueva fase eruptiva del volcán Chaitén, similar a los episodios que precedieron a la violenta erupción del 2 de Mayo. Luego de 83 de días de actividad permanente -pasando por fases de mayor y menor intensidad- en la madrugada de hoy especialistas de SERNAGEOMIN –a cargo del monitoreo del fenómeno- pudieron constatar un nuevo incremento en la actividad sísmica y un aumento de la columna de cenizas que emana desde el cráter.  

En los últimos días la columna eruptiva había estado activa, con explosiones vigorosas y una columna densa, pero baja, que no supera los 3 km. de altura. La actividad sísmica se había mantenido relativamente estable, en relación a días anteriores, con un promedio de 350 a 400 sismos de tipo VT por día. Su magnitud, en tanto, deja en evidencia un leve pero sostenido incremento de la actividad sísmica, destacándose la aparición de un enjambre sísmico inusual a partir del 20 de julio, cuando los sismógrafos registraron más de 70 sismos sobre los 2,6 grados. 

Los sismos de mayor magnitud ocurridos entre los días 22 y 23 de julio, definieron un nuevo foco de sismicidad al este-noreste (ENE) del volcán, actividad que comenzó a ser registrada por las estaciones localizadas a distancias entre 176 y 296 km del volcán Chaitén, lo cual no había ocurrido desde el inicio del proceso eruptivo. 

Cálculos preliminares indican que la baja actividad eruptiva superficial que presenta el volcán -que no guarda relación con el aumento de la sismicidad- pudiese ser el resultado de un conducto de emisión parcialmente obstruido y por ello, potencialmente más peligroso. La mayor actividad sísmica y magmática presente en los últimos días, pude estar reflejando la represurización del sistema, pudiendo derivar en los próximos días hacia una reactivación importante de la erupción, en atención a que los sismos recientes de mayor magnitud tendrían hipocentros más profundos (aproximadamente 10-15 km) y se localizarían al este-noreste (ENE) del volcán, en un sector distinto respecto a los sismos de este tipo de los días previos e informados en reportes anteriores, ubicados al sur y sureste del Chaitén. 

Esta sismicidad, especialmente aquella registrada por estaciones lejanas (Calbuco y Lago Ranco) dan cuenta de a una nueva inyección de magma que busca una salida hacia el exterior. Lo anterior estaría relacionado con el aumento de la presión interna del sistema, probablemente asociada al ascenso de un nuevo flujo magmático, que mantiene las explosiones en superficie, la columna eruptiva activa y el crecimiento sostenido del domo. Este continuo aporte de magma al sistema interno podría prolongar la erupción por un tiempo importante, incluso meses e inducir a eventuales repuntes de la actividad eruptiva superficial o a una repentina y catastrófica explosión final con las consecuencias que ello supone. Una actividad que si bien no se ve reflejada exteriormente, mantiene en estado máxima alerta a los vulcanólogos, para los cuales el aumento de frecuencia y la intensidad de los sismos son un índice que bajo la superficie hay una “burbuja de magma” que esta presionando fuertemente y cuyos resultados pudiesen ser impredecibles… 

Al momento de iniciarse esta nueva fase eruptiva, en la ciudad de Chaitén se encontraban entre 30 y 40 personas, más otras 260 que viajaron por el día en busca de sus enceres abandonados tras la evacuación de los primeros días de mayo. Todos tuvieron que ser nuevamente evacuados. Sin embargo, existen aún 6 habitantes que permanecen en la ciudad, de acuerdo a fuentes de Carabineros (policía) que se rehúsan a abandonar sus casas, amparados en la revocación por parte de la Corte Suprema de un decreto supremo del Gobierno de Chile, que decreto una zona exclusión preventiva en torno a la ciudad de Chaitén en un radio de 50 Km. durante los primeros días, que luego fue reducida a 14 Km. 

En horas de la tarde se espera la llegada al aeropuerto Tepual (Puerto Montt) la delegada presidencial, Paula Narváez, quien estuvo realizando un sobrevuelo acompañada por personal del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomín), tras el cual, y con nuevos antecedentes, espera persuadir a los “intransigentes” habitantes que insisten en permanecer en la siniestrada ciudad -que no dispone de agua potable, luz eléctrica ni alcantarillado- a que evacuen por su propia seguridad, sin tener que aplicarles medidas de coerción, como pudiese ser un recurso de protección, para que por la vía judicial, se ordene su salida del área de riesgo. 

Por otra parte, en los días precedentes, las condiciones meteorológicas locales dispersaron la pluma -que varía según la dirección del viento- principalmente hacia el norte y noroeste, afectando localidades a lo largo de la costa chilena y obligando a suspender los vuelos hacia algunas localidades como Puerto Montt. Los vuelos hacia Bariloche, uno de los principales destinos turísticos de la región patagónica argentina, también se han visto afectados, parcial o totalmente, calculándose que las pérdidas por la menor llegada de pasajeros durante la temporada invernal pudiesen ser, al término de esta, de varios millones de dólares. 

En tanto, el aeropuerto internacional de San Carlos de Bariloche que había comenzado a recuperar su normalidad, nuevamente se vio afectado por la ceniza. El sábado 17, vuelos procedentes de Brasil tuvieron que ser enviados al aeropuerto de Neuquén, distante a 430 kilómetros, situación que se ha visto agravada por la poca claridad de la información que entrega el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) argentino. Por la mañana advertía sobre la presencia de cenizas volcánicas en los alrededores de Bariloche, pocas horas después, en un nuevo comunicado, indicaba que se refería a una "nube de humo" en lugar de las cenizas, información que molestó tanto a los operadores turísticos, las aerolíneas como a personal de trafico aéreo que operan los 40 vuelos diarios que recibe este terminal aéreo. Una situación que con el correr de los días se hace inmanejable e insostenible… y donde le Chaitén se resiste a volver a su anonimato milenario.
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1/7/08

EL INDOMABLE VOLCÁN CHAITÉN. Capitulo I

Tras el inicio de la erupción -2 de mayo 2008- del desconocido, hasta entonces volcán Chaitén y mientras buscaba con afán una imagen en Google Earth para documentar la primera entrada de una extensa serie publicada en este blog, mi sorpresa fue mayúscula. Oh Google tenía un grave error de edición y la imagen, que con incredulidad apreciaba del volcán no correspondía a la realidad o efectivamente tenía ante mis ojos una caldera elíptica (2,5 x 4 Kilómetros) que si bien no tenia proporciones descomunales, su forma clásica dejaba entrever un pasado violento. 

Supervolcán, fue la primera palabra que se me vino a la cabeza. Luego descubriría que el término ya había sido acuñado el año 2.000 por los productores de un programa de divulgación científica de la cadena televisiva BBC de Londres. El termino, si bien no es una acepción aceptada por la comunidad científica, gráfica bien el concepto de magnitud de una erupción. No obstante ello, un supervolcán no es necesariamente un volcán grande –el Chaitén solo tiene 962 ms. de altura- sino que hace referencia a erupciones masivas que expulsan al menos 1.000 km³ de magma y material piroclástico, y cuyo índice de explosividad volcánica (VEI, en inglés) en la escala de 1 a 8, lo sitúa en las cotas más altas. 

Por sus dimensiones, sin ser un experto en la materia, me pareció que no era una simple chimenea volcánica de las muchas que hay dispersas en nuestro territorio. Por ello, lo primero fue recabar información para entender a que nos enfrentábamos. Poco y nada encontré. Aun así, con el correr de los días descubrí que las erupciones con un índice VEI- 7 u 8 son tan poderosas que crean calderas circulares del tamaño de montañas, ya que el derrumbe del material en el sitio de la erupción, rellena el espacio vacío que deja la evacuación violenta de la cámara magmática que hay debajo. 

El Instituto Geográfico Militar (IGM) me aportaría otros datos interesante sobre el Chaitén, al señalar que: “corresponde a una caldera post-glacial o cráter de explosión abierta hacia el sur, dentro del que se encuentra un domo de rocas más claras, posiblemente riolitas (alto contenido de sílice), con paredes claramente abruptas que dan forma a la caldera, especialmente visibles en el sector norte. Esta misma, presenta una escotadura en la parte sur, desde donde nace un estero muy encajonado, tributario del río Chaitén. 

Si bien no hay registro histórico de actividad de este volcán, el Global Volcanism Program del Instituto Smithsoniano, informaba que su última erupción había sido el 7420 AdC., con un margen de error de 75 años. En Chile, la Revista Geológica (diciembre de 2004, vol. 31-Nº2) publica una investigación de José Naranjo y Charles Stern –geólogos de Sernageomin y Department of Geological Sciences, University of Colorado- en el cual estudian depósitos piroclásticos (cenizas) ubicados a 35 km al norte de la ciudad de Chaitén, a lo largo de la Carretera Austral, que varían entre 1,5 y 3,5 metros de altura, a los cuales les asignan una antigüedad aproxima a 9.370 años. Heusser et al. (1992) también estudia y fecha otra densa capa cenizas expuesta en un corte a lo largo de la parte este de la Carretera Austral, 4 km al norte de la ciudad de Chaitén y al oeste del volcán, datándola en 10.880 años. Más recientemente, Francisco Moreno (2003) estudia las cenizas de otro afloramiento más cerca de Caleta de Santa Bárbara, donde el río Blanco entra en el golfo de Corcovado, y lo data en 9.580 años. Es decir, el Chaitén habría entrado en erupción entre 9 y 10 mil años atrás con un índice de explosividad (VEI) 3 a 5 (mediano o mayor) de un máximo de 8. 

Por otra parte, el vulcanólogo de la Universidad de Chile Oscar González-Ferrán en su libro "Atlas de los volcanes de Chile" de 1994, consigna que en realidad el cerro era un volcán” ¡Insólito dirán algunos! No tanto, si pensamos que hasta la erupción de 1991, por ejemplo, el Hudson era conocido por la población local como cerro de Los Ventisqueros, aun cuando ha tenido, según los geólogos, tres erupciones explosivas muy grandes y nueve eventos explosivos menores documentados durante el Holoceno (11.500 a 9.600 años AdC). Una característica que lo convierte en el volcán mas activo y peligroso de la parte más austral (42°30'-45°S) de la Zona Volcánica Andina del Sur, pero hasta esa fecha la población local no lo había visto nunca activo, ni tampoco hay registro histórico… De ahí su denominación de cerro de Los Ventisqueros. Un caso similar ha ocurrido con el cerro Chaitén. 

Luego descubriría unas imágenes tomadas mediante un sistema de fotografía aérea llamado Trimetrogón –combina una fotografía vertical y dos oblicuas simultáneamente- y publicadas en la página web del Instituto Geográfico Militar (IGM), que datan del año 1944, en donde se muestra en toda su dimensión la caldera. Una vez más aquí sucede lo mismo. Sólo ojos estrenados pueden discernir entre una caldera casi típica y un simple accidente geográfico más… El mismo IGM, nos muestra, probablemente lo que fueron las últimas fotos del volcán –vista aérea abril de 2008- sólo un par de semanas antes del inicio del ciclo eruptivo que transformaría definitivamente el paisaje y donde se puede apreciar claramente un domo riolítico al interior de la caldera. 

Pero ¿qué es una caldera? En términos geológicos, es una gran depresión volcánica en forma más o menos circular, con un fondo más o menos extenso y paredes verticales muy parecidos a los cráteres, pero de grandes dimensiones. La génesis de las calderas volcánicas es compleja y pueden formarse de tres modos. La primera posibilidad es fruto de una gran explosión cataclísmica, capaz de “volar” gran parte del cono volcánico. Las islas volcánicas de Santorini, en Grecia, y de Krakatoa, en Indonesia, entran en esta categoría La segunda posibilidad consiste en el colapso del edificio volcánico hacia el interior debido al vaciamiento violento del material de la cámara magmática -vaciada tras erupciones sucesivas- que no puede soportar el peso de edificio volcánico situado encima y se derrumba; en este caso se habla de caldera de hundimiento. Y la tercera posibilidad es la que proviene de la erosión del edificio volcánico. 

El mecanismo fundamental de formación de una caldera es simple. La súbita emisión de grandes volúmenes de magma a través de fisuras o pequeñas chimeneas desde una cámara magmática situada a pocos kilómetros bajo la superficie terrestre, elimina bruscamente el soporte del techo de la cámara y esta se hunde y aparece una caldera en superficie. El proceso tiene lugar en una amplia gama de magnitudes y genera calderas cuyo diámetro va de unos pocos kilómetros, como el Chaitén, hasta 50 o más. 

Aparte de su tamaño, el rasgo distintivo de una caldera, es el lento levantamiento de su techo, probablemente a consecuencia de la intrusión de nuevo magma en la cámara magmática que creó la caldera por primera vez. La magnitud de la resurgencia (levantamiento) vertical puede rebasar el kilómetro. A diferencia de un volcán corriente, una caldera que renace es, pues, una ancha depresión con un macizo central (domo) activo, que crece tan lentamente –miles de años- que no se percibe con claridad. Menos aún a escala humana. 

El fenómeno de resurgencia de una caldera fue descrito y estudiado por vez primera en 1949, por el geólogo holandés R. W. van Bemmelen en la caldera de Toba. Una erupción ocurrida hace 67.500 a 75.500 años atrás, en Sumatra septentrional, que expulso según Bill Rose y Craig Chesner de la Universidad Tecnológica de Michigan, una cantidad de material eruptivo de aproximadamente 2.800 kilómetros cúbicos. De este, alrededor de 2.000 km³ correspondían a ignimbrita (rocas extrusivas-piroclásticas) que escurrieron sobre el terreno y 800 km³ de ellos cayeron como ceniza. Van Bemmelen, también calculó que el fondo de la caldera se había hundido hasta dos kilómetros, permitiendo que se formara un lago, y que luego, en fases posteriores se había elevado centenares de metros y creado la isla Samosir, situada en el centro del lago. La de Toba sigue siendo hoy la mayor caldera conocida: su dimensión es próxima a los 100 kilómetros y probablemente sea la más poderosa (VEI- 7 u 8) erupción ocurrida en los últimos dos millones de años. Investigaciones posteriores han encontrado ceniza de riolita, similar a la ignimbrita que esta presente en el lago Toba, en Malasia y la India, a una distancia de 3.000 km. Algunos oceanógrafos descubrieron ceniza del lago Toba en el fondo del Océano Índico oriental y en el Golfo de Bengala, hallazgos que dan cuenta de la magnitud de estos fenómenos. 

Otra característica de las calderas, es la naturaleza de los procesos volcánicos. En cualquier erupción volcánica, el magma que llega a la superficie puede salir de tres maneras: en forma de lava, en chorro o a modo de colada piroclástica. La lava no es más que magma que sale a la superficie, se derrama en forma líquida y se solidifica en roca ígnea finamente cristalina, o incluso vítrea. Según la composición del magma, la roca será basalto, material gris oscuro relativamente pobre en sílice (Si02), andesita o dacita y riolita, material gris claro rico en sílice como el del Chaitén. 

La erupción de magma en chorro está compuesta mayoritariamente por piedra pómez o pumita (sustancia vítrea espumosa), junto con partículas más finas de ceniza y polvo. El término polvo suele aplicarse a partículas de menos de cuatro micrómetros de diámetro, en tanto, las partículas de entre 4 y 63 micrómetros reciben el nombre de ceniza fina. Este material se origina cuando fragmentos de magma solidificado son arrojados a la atmósfera por gases convectivos muy calientes y alta presión.

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EL INDOMABLE VOLCÁN CHAITÉN. Capitulo II

En principio, parece que el lugar común donde con mayor probabilidad puede registrarse una erupción que forme una caldera, es en una zona de subducción, que es el límite en la superficie terrestre, donde una placa de corteza oceánica -en el caso de Chile, la de Nazca- resbala bajo una placa continental y se sumerge hacia el manto subyacente. Al fin y al cabo, las zonas de subducción son lugares de actividad volcánica y sísmica intensa. La caldera de Toba, en Sumatra, y el territorio chileno, en particular el “Tripe Punto” donde convergen la placa de nazca, sudamericana y antártica (400 kilómetros al suroeste de Chaitén, en las proximidades de la península de Taitao y el volcán Hudson) ofrecen condiciones favorables para este tipo de manifestaciones. 

En la evolución de una caldera típica se distinguen varios procesos: abovedamiento anterior a la formación de la caldera, hundimiento de la caldera, expulsión de material hacia el aire, coladas piroclásticas y, finalmente, extrusiones de lava en fases tardías. El abovedamiento previo a la caldera es la elevación de la superficie terrestre que antecede a una erupción masiva. Se produce cuando un gran volumen de magma penetra en un nivel de la corteza continental y crea una cámara magmática cuyo techo puede quedar a sólo cuatro o cinco kilómetros de la superficie. El magma del techo de la cámara, que se encuentra a una temperatura de 700 a 1000 grados Celsius, es rico en gases disueltos, principalmente en vapor de agua. El magma asciende hacia la superficie a lo largo de una fractura (chimenea) que se acabada de formar. La presión a que está sujeto va disminuyendo conforme asciende, hasta que, a una profundidad de un kilómetro, aproximadamente, los gases se desprenden de la solución de modo muy parecido a como sucede cuando se destapa una botella de champaña. Con todo, el magma dacítico o riolítico es mucho más viscoso que el champaña (incluso el magma basáltico), y por tanto los gases no se limitan a burbujear, sino que arrastran consigo el magma y lo dispersan. El proceso real es complejo, pero el resultado es sencillo: el magma que sube desde la cámara hacia la superficie se expande en pumita (piedra pómez) y se fragmenta explosivamente en partículas sólidas incandescentes cuyas dimensiones oscilan entre milésimas de milímetro y centímetros. 

Conviene señalar que la pumita de la columna no resulta simplemente impulsada hacia arriba, como si se tratara de un perdigón de escopeta. Es cierto que, directamente sobre la chimenea, la energía de la columna es principalmente cinética (de movimiento), donde las velocidades de ascenso pueden ser de centenares de metros por segundo. Sin embargo, conforme asciende, la pumita modera rápidamente la marcha; se frena, no sólo por gravedad, sino también por arrastre aerodinámico. Un segundo proceso empieza entonces a aportar energía. El conjunto de pumita, ceniza y gases incandescentes en desaceleración, atrapa y calienta aire del entorno de la columna. Como consecuencia de ello, el conjunto adquiere flotabilidad y empieza a ascender por convección, permitiendo incluso, volver a aumentar su velocidad de ascenso. Las columnas eruptivas que ascienden por convección son bien conocidas; constituyen la esencia de lo que se llama una erupción pliniana, nombre que hace referencia a Plinio el Joven, cuya descripción del Vesubio en el año 79 de nuestra era constituye el primer ejemplo documentado. La convección puede llevar una columna pliniana a alturas de hasta 50 kilómetros. El Chaitén alcanzo, según la información de SERNAGEOMIN (6/5/08) los 30 Kilómetros de altura. 

Las columnas plinianas compactas pueden señalar el inicio del hundimiento catastrófico de una caldera. Sin embargo, conforme prosigue la erupción, lo típico de las columnas plinianas es que dejen paso a las temidas coladas piroclásticas, que dan lugar a la fracción mayor, con mucho, del volumen emitido. Las razones son varias. El tamaño de la chimenea puede incrementarse abruptamente –fusionarse varios cráteres, surgir uno de mayor diámetro o varios como ocurre con el Chaitén- por el disparo de la erupción inicial o por el hundimiento del fondo de la caldera. El contenido en gas del magma puede disminuir a medida que va saliendo desde niveles inferiores de la cámara. En tales circunstancias, a la columna pliniana le resulta cada vez más difícil sostenerse a si misma. La columna está más densa que el aire que la circunda y pronto cae. Es decir, la masa de pumita y gases incandescentes es sólo mantenida por la energía inicial del movimiento ascendente. Aún así, todavía es capaz de alcanzar una altura de 10 kilómetros, pero desprovista de flujo convectivo que la sostenga, vuelve a caer en torno a la chimenea, desplazándose a gran velocidad por la superficie como una nube incandescente que incinera todo cuanto encuentre a su paso. Por esta razón, es particularmente preocupante que se desplome de la columna del Chaitén o que se obstruyan los centros de emisión y comience la represurización del sistema y explote. En ambos casos, es altamente preocupante la proximidad de la ciudad de Chaitén (10 Km). 

Sin embargo, uno de los aspectos más sorprendentes y notables asociados a la erupción catastrófica de una caldera, son su corto periodo de duración. Michael T. Ledbetter y Sparks deducen por los datos que han recabado, que los 300 kilómetros cúbicos de ceniza arrojados desde la caldera de Atitlán (de 28 Km. de diámetro) en Guatemala, hace 84.000 años, cayeron en un período no mayor a los 27 días. Les parece improbable que la erupción fuera continua. Por el contrario, sostienen que la columna pliniana se desmoronó varias veces, generando varios flujos piroclásticos que se depositaron en capas sucesivas. El mismo razonamiento les induce a pensar que la erupción que formó la caldera de Toba y depositó más de 1.000 kilómetros cúbicos de ceniza, lo hizo sólo en nueve días de actividad. 

Por ello, a estas alturas es razonable preguntarse, extrapolando información: ¿Qué debiera suceder con el Chaitén?... Tiene la estructura anular típica de una caldera altamente explosiva. Su forma no es casual. Tanto al norte como al sur de la ciudad de Chaitén, geólogos han encontrado depósitos de cenizas de hasta tres metros y medio de altura, asociados al Chaitén, que dan cuenta que su índice de explosividad a estado próximo a 5, en la escala de 1 a 8, siendo este ultimo valor, un verdadero cataclismo… ¿Que debiera, entonces, esperarse que suceda con el Chaitén después de 60 días de actividad ininterrumpida?… ¿Algo más catastrófico aún? 

También preguntarse: ¿Está al principio de un ciclo eruptivo, en una etapa de evolución o en su fase terminal? En rigor, tras algunos días de “relativa calma”, el Chaitén sigue activo… Según la última información proporcionada por SERNAGEOMIN (27/6/2008) –entidad a cargo del monitoreo del fenómeno- “el domo nuevo ha continuado creciendo en forma progresiva e incluso alarmante, sobrepasando al antiguo que se ubica hacia el sur de la caldera. En el contacto entre ambos, han aparecido dos cráteres con emisiones de gases y cenizas, observándose abundante caída de bloques y cenizas hacia la ladera sur. El centro emisor principal continúa por un cráter en el sector sur del anillo de contacto entre los dos domos. Inmediatamente al oeste de él, se esta formando un nuevo cráter, el cual adquiere cada vez mayores dimensiones e intensidad en sus emanaciones de gases y cenizas. Una columna, que se mantiene en promedio próxima a los 4 a 5 Km. de altura, es acompañada de un continuo ruido en forma de "bramido" e importantes explosiones, con emisión asociada. La actividad sísmica se mantiene estable con un promedio de 50 sismos por día, aún cuando a partir del día 23, se ha podido constatar, que las magnitudes de algunos de ellos han aumentado. Si bien la mayoría de los sismos se han localizado bajo la caldera volcánica, los epicentros de mayor magnitud se concentran de 2 a 3 km al este de la caldera volcánica, sobre una de las trazas de la falla Liquiñe-Ofqui. Lo anterior es atribuido a un leve, pero sostenido, crecimiento del domo, en el cual se verifica un ligero ajuste del sistema interno”. 

Andy Lockhart, científico del USGS (Servicio Geológico de Estados Unidos) a señalado: “El volcán Chaitén continúa desarrollando un domo de lava a una velocidad espectacular, emitiendo ceniza fina y produciendo lahares —avalanchas de barro y escombros— que continúan atravesando el pueblo de Chaitén”. Sin embargo, señalan los especialistas, mientras se mantenga la ocurrencia esporádica de sismos de tipo VT (fractura de rocas), no aumente la cantidad de sismos de tipo LP (movimiento de fluidos) y no aparezcan HB (ruptura de rocas y movimiento de fluidos) y/o tremor, se puede concluir que no habría una presurización en el sistema volcánico” y con ello el colapso del domo antiguo”. Aún así, SERNAGEOMIN mantiene la alerta roja. 

Bajo este escenario tan incierto como complejo, donde los propios vulcanólogos no tienen claridad de cuando pudiese concluir y si va a derivar hacia fases de mayor intensidad o va entrar en una fase decreciente de actividad, parece del todo razonable plantearse la posibilidad cierta -pero impopular y resistida por la población- de asumir que la ciudad de Chaitén no podrá ser habitada nuevamente en ese mismo emplazamiento. Cualquier esfuerzo que se haga para reconstruirla, puede ser efímero. En minutos el volcán pude destruir todo cuanto se ha reconstruido. 

El daño en la infraestructura de casas, red eléctrica, alcantarillado, agua y otros servicios básicos necesarios para hacer habitable Chaitén, como señalara el Ministro de Obras Publicas, Sergio Bitar, es imposible de recuperar antes de dos años, luego que el volcán decline su actividad. Juicio que fue compartido por la Ministra de la Vivienda y Urbanismo, Patricia Poblete, luego de recorrer la devastada ciudad. Ambas autoridades nacionales son enfáticas al señalar: “la ciudad esta inhabitable”. Sostener lo contrario, no solo en una actitud voluntariosa, sino también, genera falsas expectativas en la población y no pasa de ser una declaración de buenas intensiones o de excesivo optimismo, que quisiéramos compartir, pero es poco realista y tensiona innecesariamente la toma de decisiones. 

Negarse a aceptar esta realidad objetiva y concreta –cruda, desgarradora y por cierto, no deseada por nadie- es no aceptar que el “enemigo” sigue activo… y así pudiese estar un largo tiempo. La falta de comprensión de la dinámica de estos fenómenos, puede ser aún más peligrosa el volcán mismo… Aún cuando el volcán cesara su actividad, la cantidad de cenizas y escoria acumulada, producto de las lluvias, pudiese nuevamente producir avalanchas de barro y escombros volcánicos (lahares), como ocurrió el fin de semana recién pasado cuando un establecimiento educacional y 50 casas sucumbieron bajo 300 mm. de precipitación… En consecuencia, como afirma el ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma: “es hora que la gente vaya pensando en tomar decisiones individuales. El Gobierno hace su mejor esfuerzo y hará todas las acciones necesarias para que Chaitén vuelva a la normalidad lo antes posible, pero no depende de nosotros”. Mientras el “enemigo este activo” la tranquilidad, la sensatez, la paciencia y una actitud positiva para enfrentar esta catástrofe, pueden hacer la diferencia para transformar este episodio negro en una oportunidad de vida... Vida que en definitiva, es lo único irrecuperable.
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