EL INDOMABLE VOLCÁN CHAITÉN. Capitulo II

En principio, parece que el lugar común donde con mayor probabilidad puede registrarse una erupción que forme una caldera, es en una zona de subducción, que es el límite en la superficie terrestre, donde una placa de corteza oceánica -en el caso de Chile, la de Nazca- resbala bajo una placa continental y se sumerge hacia el manto subyacente. Al fin y al cabo, las zonas de subducción son lugares de actividad volcánica y sísmica intensa. La caldera de Toba, en Sumatra, y el territorio chileno, en particular el “Tripe Punto” donde convergen la placa de nazca, sudamericana y antártica (400 kilómetros al suroeste de Chaitén, en las proximidades de la península de Taitao y el volcán Hudson) ofrecen condiciones favorables para este tipo de manifestaciones. 

En la evolución de una caldera típica se distinguen varios procesos: abovedamiento anterior a la formación de la caldera, hundimiento de la caldera, expulsión de material hacia el aire, coladas piroclásticas y, finalmente, extrusiones de lava en fases tardías. El abovedamiento previo a la caldera es la elevación de la superficie terrestre que antecede a una erupción masiva. Se produce cuando un gran volumen de magma penetra en un nivel de la corteza continental y crea una cámara magmática cuyo techo puede quedar a sólo cuatro o cinco kilómetros de la superficie. El magma del techo de la cámara, que se encuentra a una temperatura de 700 a 1000 grados Celsius, es rico en gases disueltos, principalmente en vapor de agua. El magma asciende hacia la superficie a lo largo de una fractura (chimenea) que se acabada de formar. La presión a que está sujeto va disminuyendo conforme asciende, hasta que, a una profundidad de un kilómetro, aproximadamente, los gases se desprenden de la solución de modo muy parecido a como sucede cuando se destapa una botella de champaña. Con todo, el magma dacítico o riolítico es mucho más viscoso que el champaña (incluso el magma basáltico), y por tanto los gases no se limitan a burbujear, sino que arrastran consigo el magma y lo dispersan. El proceso real es complejo, pero el resultado es sencillo: el magma que sube desde la cámara hacia la superficie se expande en pumita (piedra pómez) y se fragmenta explosivamente en partículas sólidas incandescentes cuyas dimensiones oscilan entre milésimas de milímetro y centímetros. 

Conviene señalar que la pumita de la columna no resulta simplemente impulsada hacia arriba, como si se tratara de un perdigón de escopeta. Es cierto que, directamente sobre la chimenea, la energía de la columna es principalmente cinética (de movimiento), donde las velocidades de ascenso pueden ser de centenares de metros por segundo. Sin embargo, conforme asciende, la pumita modera rápidamente la marcha; se frena, no sólo por gravedad, sino también por arrastre aerodinámico. Un segundo proceso empieza entonces a aportar energía. El conjunto de pumita, ceniza y gases incandescentes en desaceleración, atrapa y calienta aire del entorno de la columna. Como consecuencia de ello, el conjunto adquiere flotabilidad y empieza a ascender por convección, permitiendo incluso, volver a aumentar su velocidad de ascenso. Las columnas eruptivas que ascienden por convección son bien conocidas; constituyen la esencia de lo que se llama una erupción pliniana, nombre que hace referencia a Plinio el Joven, cuya descripción del Vesubio en el año 79 de nuestra era constituye el primer ejemplo documentado. La convección puede llevar una columna pliniana a alturas de hasta 50 kilómetros. El Chaitén alcanzo, según la información de SERNAGEOMIN (6/5/08) los 30 Kilómetros de altura. 

Las columnas plinianas compactas pueden señalar el inicio del hundimiento catastrófico de una caldera. Sin embargo, conforme prosigue la erupción, lo típico de las columnas plinianas es que dejen paso a las temidas coladas piroclásticas, que dan lugar a la fracción mayor, con mucho, del volumen emitido. Las razones son varias. El tamaño de la chimenea puede incrementarse abruptamente –fusionarse varios cráteres, surgir uno de mayor diámetro o varios como ocurre con el Chaitén- por el disparo de la erupción inicial o por el hundimiento del fondo de la caldera. El contenido en gas del magma puede disminuir a medida que va saliendo desde niveles inferiores de la cámara. En tales circunstancias, a la columna pliniana le resulta cada vez más difícil sostenerse a si misma. La columna está más densa que el aire que la circunda y pronto cae. Es decir, la masa de pumita y gases incandescentes es sólo mantenida por la energía inicial del movimiento ascendente. Aún así, todavía es capaz de alcanzar una altura de 10 kilómetros, pero desprovista de flujo convectivo que la sostenga, vuelve a caer en torno a la chimenea, desplazándose a gran velocidad por la superficie como una nube incandescente que incinera todo cuanto encuentre a su paso. Por esta razón, es particularmente preocupante que se desplome de la columna del Chaitén o que se obstruyan los centros de emisión y comience la represurización del sistema y explote. En ambos casos, es altamente preocupante la proximidad de la ciudad de Chaitén (10 Km). 

Sin embargo, uno de los aspectos más sorprendentes y notables asociados a la erupción catastrófica de una caldera, son su corto periodo de duración. Michael T. Ledbetter y Sparks deducen por los datos que han recabado, que los 300 kilómetros cúbicos de ceniza arrojados desde la caldera de Atitlán (de 28 Km. de diámetro) en Guatemala, hace 84.000 años, cayeron en un período no mayor a los 27 días. Les parece improbable que la erupción fuera continua. Por el contrario, sostienen que la columna pliniana se desmoronó varias veces, generando varios flujos piroclásticos que se depositaron en capas sucesivas. El mismo razonamiento les induce a pensar que la erupción que formó la caldera de Toba y depositó más de 1.000 kilómetros cúbicos de ceniza, lo hizo sólo en nueve días de actividad. 

Por ello, a estas alturas es razonable preguntarse, extrapolando información: ¿Qué debiera suceder con el Chaitén?... Tiene la estructura anular típica de una caldera altamente explosiva. Su forma no es casual. Tanto al norte como al sur de la ciudad de Chaitén, geólogos han encontrado depósitos de cenizas de hasta tres metros y medio de altura, asociados al Chaitén, que dan cuenta que su índice de explosividad a estado próximo a 5, en la escala de 1 a 8, siendo este ultimo valor, un verdadero cataclismo… ¿Que debiera, entonces, esperarse que suceda con el Chaitén después de 60 días de actividad ininterrumpida?… ¿Algo más catastrófico aún? 

También preguntarse: ¿Está al principio de un ciclo eruptivo, en una etapa de evolución o en su fase terminal? En rigor, tras algunos días de “relativa calma”, el Chaitén sigue activo… Según la última información proporcionada por SERNAGEOMIN (27/6/2008) –entidad a cargo del monitoreo del fenómeno- “el domo nuevo ha continuado creciendo en forma progresiva e incluso alarmante, sobrepasando al antiguo que se ubica hacia el sur de la caldera. En el contacto entre ambos, han aparecido dos cráteres con emisiones de gases y cenizas, observándose abundante caída de bloques y cenizas hacia la ladera sur. El centro emisor principal continúa por un cráter en el sector sur del anillo de contacto entre los dos domos. Inmediatamente al oeste de él, se esta formando un nuevo cráter, el cual adquiere cada vez mayores dimensiones e intensidad en sus emanaciones de gases y cenizas. Una columna, que se mantiene en promedio próxima a los 4 a 5 Km. de altura, es acompañada de un continuo ruido en forma de "bramido" e importantes explosiones, con emisión asociada. La actividad sísmica se mantiene estable con un promedio de 50 sismos por día, aún cuando a partir del día 23, se ha podido constatar, que las magnitudes de algunos de ellos han aumentado. Si bien la mayoría de los sismos se han localizado bajo la caldera volcánica, los epicentros de mayor magnitud se concentran de 2 a 3 km al este de la caldera volcánica, sobre una de las trazas de la falla Liquiñe-Ofqui. Lo anterior es atribuido a un leve, pero sostenido, crecimiento del domo, en el cual se verifica un ligero ajuste del sistema interno”. 

Andy Lockhart, científico del USGS (Servicio Geológico de Estados Unidos) a señalado: “El volcán Chaitén continúa desarrollando un domo de lava a una velocidad espectacular, emitiendo ceniza fina y produciendo lahares —avalanchas de barro y escombros— que continúan atravesando el pueblo de Chaitén”. Sin embargo, señalan los especialistas, mientras se mantenga la ocurrencia esporádica de sismos de tipo VT (fractura de rocas), no aumente la cantidad de sismos de tipo LP (movimiento de fluidos) y no aparezcan HB (ruptura de rocas y movimiento de fluidos) y/o tremor, se puede concluir que no habría una presurización en el sistema volcánico” y con ello el colapso del domo antiguo”. Aún así, SERNAGEOMIN mantiene la alerta roja. 

Bajo este escenario tan incierto como complejo, donde los propios vulcanólogos no tienen claridad de cuando pudiese concluir y si va a derivar hacia fases de mayor intensidad o va entrar en una fase decreciente de actividad, parece del todo razonable plantearse la posibilidad cierta -pero impopular y resistida por la población- de asumir que la ciudad de Chaitén no podrá ser habitada nuevamente en ese mismo emplazamiento. Cualquier esfuerzo que se haga para reconstruirla, puede ser efímero. En minutos el volcán pude destruir todo cuanto se ha reconstruido. 

El daño en la infraestructura de casas, red eléctrica, alcantarillado, agua y otros servicios básicos necesarios para hacer habitable Chaitén, como señalara el Ministro de Obras Publicas, Sergio Bitar, es imposible de recuperar antes de dos años, luego que el volcán decline su actividad. Juicio que fue compartido por la Ministra de la Vivienda y Urbanismo, Patricia Poblete, luego de recorrer la devastada ciudad. Ambas autoridades nacionales son enfáticas al señalar: “la ciudad esta inhabitable”. Sostener lo contrario, no solo en una actitud voluntariosa, sino también, genera falsas expectativas en la población y no pasa de ser una declaración de buenas intensiones o de excesivo optimismo, que quisiéramos compartir, pero es poco realista y tensiona innecesariamente la toma de decisiones. 

Negarse a aceptar esta realidad objetiva y concreta –cruda, desgarradora y por cierto, no deseada por nadie- es no aceptar que el “enemigo” sigue activo… y así pudiese estar un largo tiempo. La falta de comprensión de la dinámica de estos fenómenos, puede ser aún más peligrosa el volcán mismo… Aún cuando el volcán cesara su actividad, la cantidad de cenizas y escoria acumulada, producto de las lluvias, pudiese nuevamente producir avalanchas de barro y escombros volcánicos (lahares), como ocurrió el fin de semana recién pasado cuando un establecimiento educacional y 50 casas sucumbieron bajo 300 mm. de precipitación… En consecuencia, como afirma el ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma: “es hora que la gente vaya pensando en tomar decisiones individuales. El Gobierno hace su mejor esfuerzo y hará todas las acciones necesarias para que Chaitén vuelva a la normalidad lo antes posible, pero no depende de nosotros”. Mientras el “enemigo este activo” la tranquilidad, la sensatez, la paciencia y una actitud positiva para enfrentar esta catástrofe, pueden hacer la diferencia para transformar este episodio negro en una oportunidad de vida... Vida que en definitiva, es lo único irrecuperable.
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