EL INDOMABLE VOLCÁN CHAITÉN. Capitulo I

Tras el inicio de la erupción -2 de mayo 2008- del desconocido, hasta entonces volcán Chaitén y mientras buscaba con afán una imagen en Google Earth para documentar la primera entrada de una extensa serie publicada en este blog, mi sorpresa fue mayúscula. Oh Google tenía un grave error de edición y la imagen, que con incredulidad apreciaba del volcán no correspondía a la realidad o efectivamente tenía ante mis ojos una caldera elíptica (2,5 x 4 Kilómetros) que si bien no tenia proporciones descomunales, su forma clásica dejaba entrever un pasado violento. 

Supervolcán, fue la primera palabra que se me vino a la cabeza. Luego descubriría que el término ya había sido acuñado el año 2.000 por los productores de un programa de divulgación científica de la cadena televisiva BBC de Londres. El termino, si bien no es una acepción aceptada por la comunidad científica, gráfica bien el concepto de magnitud de una erupción. No obstante ello, un supervolcán no es necesariamente un volcán grande –el Chaitén solo tiene 962 ms. de altura- sino que hace referencia a erupciones masivas que expulsan al menos 1.000 km³ de magma y material piroclástico, y cuyo índice de explosividad volcánica (VEI, en inglés) en la escala de 1 a 8, lo sitúa en las cotas más altas. 

Por sus dimensiones, sin ser un experto en la materia, me pareció que no era una simple chimenea volcánica de las muchas que hay dispersas en nuestro territorio. Por ello, lo primero fue recabar información para entender a que nos enfrentábamos. Poco y nada encontré. Aun así, con el correr de los días descubrí que las erupciones con un índice VEI- 7 u 8 son tan poderosas que crean calderas circulares del tamaño de montañas, ya que el derrumbe del material en el sitio de la erupción, rellena el espacio vacío que deja la evacuación violenta de la cámara magmática que hay debajo. 

El Instituto Geográfico Militar (IGM) me aportaría otros datos interesante sobre el Chaitén, al señalar que: “corresponde a una caldera post-glacial o cráter de explosión abierta hacia el sur, dentro del que se encuentra un domo de rocas más claras, posiblemente riolitas (alto contenido de sílice), con paredes claramente abruptas que dan forma a la caldera, especialmente visibles en el sector norte. Esta misma, presenta una escotadura en la parte sur, desde donde nace un estero muy encajonado, tributario del río Chaitén. 

Si bien no hay registro histórico de actividad de este volcán, el Global Volcanism Program del Instituto Smithsoniano, informaba que su última erupción había sido el 7420 AdC., con un margen de error de 75 años. En Chile, la Revista Geológica (diciembre de 2004, vol. 31-Nº2) publica una investigación de José Naranjo y Charles Stern –geólogos de Sernageomin y Department of Geological Sciences, University of Colorado- en el cual estudian depósitos piroclásticos (cenizas) ubicados a 35 km al norte de la ciudad de Chaitén, a lo largo de la Carretera Austral, que varían entre 1,5 y 3,5 metros de altura, a los cuales les asignan una antigüedad aproxima a 9.370 años. Heusser et al. (1992) también estudia y fecha otra densa capa cenizas expuesta en un corte a lo largo de la parte este de la Carretera Austral, 4 km al norte de la ciudad de Chaitén y al oeste del volcán, datándola en 10.880 años. Más recientemente, Francisco Moreno (2003) estudia las cenizas de otro afloramiento más cerca de Caleta de Santa Bárbara, donde el río Blanco entra en el golfo de Corcovado, y lo data en 9.580 años. Es decir, el Chaitén habría entrado en erupción entre 9 y 10 mil años atrás con un índice de explosividad (VEI) 3 a 5 (mediano o mayor) de un máximo de 8. 

Por otra parte, el vulcanólogo de la Universidad de Chile Oscar González-Ferrán en su libro "Atlas de los volcanes de Chile" de 1994, consigna que en realidad el cerro era un volcán” ¡Insólito dirán algunos! No tanto, si pensamos que hasta la erupción de 1991, por ejemplo, el Hudson era conocido por la población local como cerro de Los Ventisqueros, aun cuando ha tenido, según los geólogos, tres erupciones explosivas muy grandes y nueve eventos explosivos menores documentados durante el Holoceno (11.500 a 9.600 años AdC). Una característica que lo convierte en el volcán mas activo y peligroso de la parte más austral (42°30'-45°S) de la Zona Volcánica Andina del Sur, pero hasta esa fecha la población local no lo había visto nunca activo, ni tampoco hay registro histórico… De ahí su denominación de cerro de Los Ventisqueros. Un caso similar ha ocurrido con el cerro Chaitén. 

Luego descubriría unas imágenes tomadas mediante un sistema de fotografía aérea llamado Trimetrogón –combina una fotografía vertical y dos oblicuas simultáneamente- y publicadas en la página web del Instituto Geográfico Militar (IGM), que datan del año 1944, en donde se muestra en toda su dimensión la caldera. Una vez más aquí sucede lo mismo. Sólo ojos estrenados pueden discernir entre una caldera casi típica y un simple accidente geográfico más… El mismo IGM, nos muestra, probablemente lo que fueron las últimas fotos del volcán –vista aérea abril de 2008- sólo un par de semanas antes del inicio del ciclo eruptivo que transformaría definitivamente el paisaje y donde se puede apreciar claramente un domo riolítico al interior de la caldera. 

Pero ¿qué es una caldera? En términos geológicos, es una gran depresión volcánica en forma más o menos circular, con un fondo más o menos extenso y paredes verticales muy parecidos a los cráteres, pero de grandes dimensiones. La génesis de las calderas volcánicas es compleja y pueden formarse de tres modos. La primera posibilidad es fruto de una gran explosión cataclísmica, capaz de “volar” gran parte del cono volcánico. Las islas volcánicas de Santorini, en Grecia, y de Krakatoa, en Indonesia, entran en esta categoría La segunda posibilidad consiste en el colapso del edificio volcánico hacia el interior debido al vaciamiento violento del material de la cámara magmática -vaciada tras erupciones sucesivas- que no puede soportar el peso de edificio volcánico situado encima y se derrumba; en este caso se habla de caldera de hundimiento. Y la tercera posibilidad es la que proviene de la erosión del edificio volcánico. 

El mecanismo fundamental de formación de una caldera es simple. La súbita emisión de grandes volúmenes de magma a través de fisuras o pequeñas chimeneas desde una cámara magmática situada a pocos kilómetros bajo la superficie terrestre, elimina bruscamente el soporte del techo de la cámara y esta se hunde y aparece una caldera en superficie. El proceso tiene lugar en una amplia gama de magnitudes y genera calderas cuyo diámetro va de unos pocos kilómetros, como el Chaitén, hasta 50 o más. 

Aparte de su tamaño, el rasgo distintivo de una caldera, es el lento levantamiento de su techo, probablemente a consecuencia de la intrusión de nuevo magma en la cámara magmática que creó la caldera por primera vez. La magnitud de la resurgencia (levantamiento) vertical puede rebasar el kilómetro. A diferencia de un volcán corriente, una caldera que renace es, pues, una ancha depresión con un macizo central (domo) activo, que crece tan lentamente –miles de años- que no se percibe con claridad. Menos aún a escala humana. 

El fenómeno de resurgencia de una caldera fue descrito y estudiado por vez primera en 1949, por el geólogo holandés R. W. van Bemmelen en la caldera de Toba. Una erupción ocurrida hace 67.500 a 75.500 años atrás, en Sumatra septentrional, que expulso según Bill Rose y Craig Chesner de la Universidad Tecnológica de Michigan, una cantidad de material eruptivo de aproximadamente 2.800 kilómetros cúbicos. De este, alrededor de 2.000 km³ correspondían a ignimbrita (rocas extrusivas-piroclásticas) que escurrieron sobre el terreno y 800 km³ de ellos cayeron como ceniza. Van Bemmelen, también calculó que el fondo de la caldera se había hundido hasta dos kilómetros, permitiendo que se formara un lago, y que luego, en fases posteriores se había elevado centenares de metros y creado la isla Samosir, situada en el centro del lago. La de Toba sigue siendo hoy la mayor caldera conocida: su dimensión es próxima a los 100 kilómetros y probablemente sea la más poderosa (VEI- 7 u 8) erupción ocurrida en los últimos dos millones de años. Investigaciones posteriores han encontrado ceniza de riolita, similar a la ignimbrita que esta presente en el lago Toba, en Malasia y la India, a una distancia de 3.000 km. Algunos oceanógrafos descubrieron ceniza del lago Toba en el fondo del Océano Índico oriental y en el Golfo de Bengala, hallazgos que dan cuenta de la magnitud de estos fenómenos. 

Otra característica de las calderas, es la naturaleza de los procesos volcánicos. En cualquier erupción volcánica, el magma que llega a la superficie puede salir de tres maneras: en forma de lava, en chorro o a modo de colada piroclástica. La lava no es más que magma que sale a la superficie, se derrama en forma líquida y se solidifica en roca ígnea finamente cristalina, o incluso vítrea. Según la composición del magma, la roca será basalto, material gris oscuro relativamente pobre en sílice (Si02), andesita o dacita y riolita, material gris claro rico en sílice como el del Chaitén. 

La erupción de magma en chorro está compuesta mayoritariamente por piedra pómez o pumita (sustancia vítrea espumosa), junto con partículas más finas de ceniza y polvo. El término polvo suele aplicarse a partículas de menos de cuatro micrómetros de diámetro, en tanto, las partículas de entre 4 y 63 micrómetros reciben el nombre de ceniza fina. Este material se origina cuando fragmentos de magma solidificado son arrojados a la atmósfera por gases convectivos muy calientes y alta presión.

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